Las lecciones que aprendió Pogacar en los adoquines de Flandes: “Volveré” – sportingcristal.org

El esloveno honró las clásicas de primavera belgas, pero acabó “frustrado” y fuera del podio ante Van der Poel. “No tuve piernas suficientes para descolgarlo”, admitió

Miguel Indurain jamás pisó Flandes ni Roubaix. Tampoco Alberto Contador. El frío, las alergias, el momento de la temporada… No era terreno para españoles. Tampoco lo fue demasiado para ‘vueltómanos’ en general. Lance Armstrong se dejó ver alguna vez por el Paterberg y el viejo Kwaremont, pero jamás disputó. Ejemplos de la creencia general, de la incompatibilidad de esos infiernos de adoquines belgas con los que se inicia la primavera con el objetivo de, por ejemplo, ganar un Tour.

Aquello lo hacía Eddy Merckx. Y después, Bernard Hinault, quien odió tanto el Infierno del Norte que acabó ganando la París-Roubaix en 1981. Esas locuras de los flamencos, con frío, barro, adoquines y muros, con miles de personas abarrotando las cunetas, eran para especialistas. Un dato lo resume todo, Louison Bobet (1955) y el Caníbal (1969 y 1975) son los únicos ganadores de Tour que triunfaron en Flandes. Tadej Pogacar, el indiscutible mejor ciclista del mundo, quiere ser como ellos, aunque le cueste berrinches.

El domingo entró en la meta de Oudenaarde con los brazos en alto, pero de pura rabia. Su exhibición en el Tour de Flandes honró el ciclismo, pero ni siquiera acabó en el podio. Unos días antes, en el precioso aperitivo de A través de Flandes, le ocurrió algo parecido. Se llevó una lección que, seguramente, sea el primer paso para el día que triunfe. No basta con ser sólo el más fuerte.